El sábado 3 de septiembre de 2011, Bill Nichols ofreció una clase magistral en la Universidad de Baja California, como parte de BorDocs, foro de cine documental en Tijuana, México. El título de la clase fue When Filmmakers Shoot Real People: Some Ethical Considerations (Cuando los cineastas filman personas de verdad: algunas consideraciones éticas). Nichols habla de una manera pausada, dándole importancia a cada frase y término que enuncia. Sus argumentos van de lo simple a lo complejo, algo importante especialmente cuando uno se está dirigiendo a una audiencia de jóvenes realizadores. El objetivo de su clase era analizar el importante compromiso que asume un documentalista frente a su obra. En esta ocasión, se ocupó principalmente del aspecto ético de este compromiso.
De entrada, el teórico estadounidense dejó en claro que los principios éticos cambian de cultura a cultura, y también en diferentes ámbitos ideológicos, de cualquier manera afirmó, el debate sobre la ética puede encuadrarse dentro de ciertos límites discursivos. A pesar de lo complejidades del tema, Nichols sostiene que el lema de todo documentalista responsable debería ser: “Respeta a tus protagonistas y gánate la confianza de tu audiencia. Estos son los puntos de partida para ir por buen camino”. Luego agregó: “Pero en realidad esto no es tan fácil de lograr…El objetivo principal de todo documental es la búsqueda de una verdad superior [higher truth]".
Nichols mostró cierto descontento al descubrir que son pocos los textos que se ocupan de tan importante cuestión, ya que como él considera, un país fortalece sus instituciones democráticas al contar con medios independientes que ejercen su función con honestidad. Con el objetivo de llenar este vacío teórico Nichols, junto a los autores Patricia Aufderheide, Peter Jaszi y Mridu Chandra, y con el patrocinio del Center for Social Media, publicaron Honest Truths: Documentary Filmmakers on Ethical Challenges in Their Work (Verdades honestas: los realizadores de cine documental consideran sus desafíos éticos). Este estudio, que se puede bajar de la página de la organización, analiza muchas de las cuestiones y debates a las que se refirió Nichols en su clase magistral en Tijuana. A los que tengan la oportunidad de leer Honest Truths no les sorprenderá que los documentalistas identifiquen ciertos factores que condicionan sus decisiones: las presiones comerciales, los límites presupuestarios, la tentación de dramatizar ciertos conflictos, la negociación de estrategias de montaje fundamentadas en principios éticos, etcétera. Ahora bien, los autores del estudio no se enredan en examinar casos particulares y sus problemas de producción y distribución, sino que se enfocan en determinar los principios éticos que informan los modelos de toma de decisiones. Algunos de los temas de los que se ocupó Nichols durante su charla fueron: si se debe compensar a los actores sociales por participar en un documental, cuáles son las responsabilidades legales y jurídicas de un documentalista, en qué circunstancias uno puede (o debe) mentir para conseguir una entrevista, entre otras cuestiones. En este artículo me referiré tanto al estudio como a la clase magistral para compartir con los lectores de Cine Documental algunos de los sondeos de Nichols sobre esta problemática tan importante.
Al principio de su trabajo, los autores de Honest Truths, informan al lector que el principal material de su investigación consiste en 41 entrevistas (anónimas) a directores y productores en los Estados Unidos. La primera pregunta a la que tuvieron que responder los encuestados fue al meollo de la cuestión: ¿a qué tipo de desafíos éticos debieron enfrentarse mientras realizaban sus documentales? Según el reporte, los entrevistados determinaron que hay “dos tipos de relaciones que plantean desafíos éticos: la relación con los sujetos de sus documentales y la relación con sus espectadores” (2009: 6).
En general, señala el estudio, los realizadores manifestaron cierta frustración al no tener acceso a ciertos “estándares para una práctica ética” (2009: 2). En su clase magistral, Nichols comparó la situación de los documentalistas con la de otros profesionales que trabajan con sujetos humanos: abogados, doctores y profesores. Según Nichols los códigos éticos de estas profesiones tienen por lo menos tres funciones generales: proteger a las instituciones donde trabajan, proteger a los empleados y proteger a los sujetos con los cuales trabajan (pacientes, estudiantes, clientes, etcétera). A diferencia de los profesionales ya mencionados —agregó Nichols en la clase magistral— el cineasta se encuentra ante una serie de desafíos muy particulares, ya que su película es un testimonio de cómo el realizador ejerce su trabajo en relación con otros: “Los documentales son documentos de una postura ética". De ahí su importancia.
A pesar de las peculiaridades de la profesión —Nichols señaló en BorDocs— el documentalista puede recurrir a dos códigos éticos de disciplinas con larga y reconocida tradición: la antropología y el periodismo. Hace tiempo que la antropología viene reflexionado sobre la actitud que un investigador debe asumir al investigar a otra cultura, tales como mantenerse siempre abierto y respetuoso a tradiciones culturales que pueden causar cierto repudio. La antropología, dijo Nichols, recomienda también que el investigador anticipe las posibles consecuencias de su estudio y los daños que puede causar en los sujetos investigados. Otra lección importante que el documentalista puede incorporar de esta disciplina es "el discernimiento que uno debe tener al considerar su contribución a una precisa definición de la realidad". Esta es una muy sugestiva proposición, porque no solo compromete al realizador con su contexto social y artístico, sino que lo obliga a estar siempre atento al desarrollo de los diferentes modos de representación en el cine documental.
Del periodismo, por otro lado, Nichols rescata su propensión a cuestionar, siempre que sea con honestidad, las fuentes de información. Uno nunca debe asumir, le recordó el teórico a su audiencia, que los testimonios de los entrevistados son “objetivos”: “Todo el mundo tiene sus intereses”. Del periodismo también se puede aprender a cómo comportarse frente a personas afectadas por una tragedia en su salud física o psicológica. En estos casos tan particulares, el realizador debe reflexionar sobre la obligación que tiene no solo con los actores sociales sino también con la audiencia. Steven Ascher dice en Honest Truths sentirse privilegiado porque otras personas le abren sus puertas para que él pueda conocer sus vidas: "…eso acarrea la responsabilidad de tener que anticipar cómo la audiencia los va a ver, y en algunos momentos a protegerlos si es necesario" (2009: 7).
Honest Truths menciona que varios documentales de los noventa, entre ellos Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), generaron mucha controversia a la hora de estimar su valor como documento fehaciente que pueda generar cambios en estructuras sociales opresivas. A pesar que el periodismo y los programas de noticias en la televisión han servido de punto de referencia en la práctica de muchos documentalistas, el estudio señala que los realizadores, en su gran mayoría, basan sus juicios en incidentes que se suscitan durante la filmación y no tienen ni el tiempo ni el espacio para reflexionar sobre cuestiones éticas. Nichols, como algunos de los entrevistados en Honest Truths, creen que los cineastas deben establecer instituciones donde se puedan investigar y desarrollar pedagogías para una práctica ética. En su conclusión, los autores del estudio advierten que varios realizadores consideran que estas deliberaciones pueden "exponerlos al riesgo de ser censurados o de perder su próximo trabajo" (2009: 21).
Como ejemplo de estos debates, Honest Truths, menciona la controversia que generó Errol Morris al remunerar a sus sujetos en Standard Operating Procedure. Algunos realizadores, explicó Nichols durante la clase magistral, consideran que al remunerar a un protagonista uno corre el riesgo de comprometer su comportamiento, una práctica repudiada en el periodismo. El realizador también debe considerar cómo las vidas de los sujetos pueden ser afectados por su participación en la película, especialmente si recibe un salario. Nichols considera que es fundamental tomarse el tiempo necesario para evaluar los beneficios y perjuicios que la participación en una producción causará en cada individuo.
Otra cuestión interesante a la que se refirió Nichols durante su charla fue la diferencia que muchos cineastas encuentran entre filmar a un individuo poderoso en comparación con uno pobre. Esta diferencia aseguró Nichols, tiene implicancias éticas. Los documentalistas, y la gente en general, tienden a sentirse más responsable por aquellos en situaciones de desventaja, es por eso que muchas veces se sienten con la suficiente libertad para dejar algunos códigos de lado en su interacción con individuos poderosos. Por ejemplo, dijo Nichols, algunos documentalistas consideran que no está mal mentir para conseguir una entrevista, lo que en el medio se conoce como "soft lie" o "mentira trivial". Como ejemplo citó a una documentalista de la BBC que se presentó como parte del equipo de producción de Plaza Sésamo para conseguir una entrevista con un evasivo empleado del Banco Mundial. Con respecto a individuos en desventaja, el realizador debe asegurarse de no representarlos como víctimas impotentes. Como ejemplo citó varios documentales que lograron mostrar con éxito las estrategias de supervivencia y reivindicación de los afectados por el Huracán Katrina en los Estados Unidos.
Hacia el final de su clase magistral, Nichols proyectó, en glorioso VHS!, No Lies (Mitchell Block, 1972) para después debatir con los participantes los conflictos éticos que presenta ese documental tan inquietante. No Lies es un mockumentary, en el cual el realizador interpela brutalmentea una joven para que le describa cómo fue violada. La película dura tan solo 16 minutos, y como explicó Nichos después de su proyección, el espectador perspicaz poco a poco se va dando cuenta que lo que está viendo es tan solo una sofisticada puesta en escena. Para Nichols, No Lies desafía la postura voyerista y distanciada del espectador, invitándolo a cuestionar su convicción en la fidelidad de lo representado. Al final de la proyección, se inició un debate valioso que duró más de media hora. En ningún momento Nichols se mostró incómodo por las preguntas y las observaciones de la audiencia. Quedó claro que a Nichols no solo le preocupan las cuestiones teóricas sino también las prácticas, pero más que nada, la concepción de una postura ética que promueva la producción de documentales cada vez más “honestos”.
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