teoria
 
Número 4 - Año 2011 - ISSN 1852 - 4699
 

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Criada
(Matías Herrera Córdoba, 2009)


El trabajo esclavo está lejos de haberse extinguido. Así lo demuestran las distintas investigaciones que fueron realizadas por el Estado sobre la explotación de peones de campo en una finca de un diputado salteño. Prueba de esto es el film Criada (Matías Herrera Córdoba, 2009), el cual se centra en la vida de Hortensia, una mujer de origen mapuche que fue adoptada por una familia de la burguesía catamarqueña y está a cargo de la finca familiar.

El film describe con minuciosidad los quehaceres y los ratos de esparcimiento de Hortensia estructurando el film a partir de dos espacios diferentes. Por un lado, el ámbito laboral en donde realiza todo tipo de tareas, desde la recolección de aceitunas y su posterior venta hasta la limpieza de la casa. Por otro lado, el espacio íntimo. La cámara registra las conversaciones que tiene con algunas amigas que la visitan y a partir de estas charlas es posible conocer poco a poco algo de su pasado. Sin embargo, éste es un espacio vedado. Hortensia se manifiesta lejos de querer revelar su intimidad y al mismo tiempo el director se muestra respetuoso de su decisión y no intenta hurgar en su pasado sino apenas dar cuenta de la situación en la que ella se encuentra. Es registrada en la mayoría de lo casos en planos generales. Prácticamente no hay acercamientos ni primeros planos, exceptuando los momentos en los que habla por teléfono con su hijo. Herrera Córdoba impone una distancia que denota el respeto por la intimidad de la protagonista. Por ejemplo, la cámara nunca ingresa en la habitación de Hortensia. Esta idea se ve reforzada durante todo el film en diferentes situaciones en las que la cámara la deja fuera de cuadro. En una de ellas, partiendo de un plano de Hortensia, se realiza un paneo hacia una de las amigas, ya que la primera se siente incómoda a la hora de responder ante la cámara si le pagan por su trabajo. De la misma manera, cuando la cámara registra un viejo álbum de fotos en el que aparecen miembros de la familia de la protagonista, ella permanece fuera de campo. Sólo se escucha su voz en off asintiendo al relato que realizan sus amigas sobre eventos del pasado.

A lo largo de la hora y cuarto de duración Herrera Córdoba se dedica a registrar a Hortensia de manera casi imperceptible. Es claro que el director no quiere irrumpir en su vida, pero para poder revelar ciertos aspectos del pasado elige romper con la observación y dar cuenta de su presencia. Son dos momentos en el film en los que es posible identificar esta operación. En el primero este deja de ser un mero observador para pasar a interactuar con quienes son filmados. Cuando una de las amigas de la protagonista muestra fotos de la familia a cámara esta se dirige a quien está detrás de la misma, habla con él y le cuenta cómo Hortensia llegó a formar parte de la familia. Tanto las mujeres como Herrera Córdoba comentan sobre el álbum fotográfico.

Hablando con la misma amiga, confiesa que ella no considera que lo hace es un trabajo. Recuerda que le resultaba grato ir a perseguir a los animales cuando de chica sus empleadores se lo ordenaban. Más que como un trabajo lo ve como una rutina, como algo natural, como algo dado. El director lleva a cabo una segunda “suspensión de la observación”, la cual se da para reforzar esta idea. Herrera Córdoba interviene el material a través del montaje de la banda sonora y de la imagen. Así, en uno de los últimos planos de la película, se ve a la dueña de la finca empuñando un arma caminando junto a Hortensia mientras escuchamos el final de una conversación con su hijo, que había comenzado en la escena anterior, a quien le dice “mis cosas están acá”.

De esta manera Herrera Córdoba muestra cómo Hortensia se encuentra sometida económicamente y como, a la vez, le es imposible no sentirse parte de la familia que la somete. No puede denunciar el perverso vínculo que la une a los dueños de la finca porque para ella esa relación es natural. El director hace foco sobre esa imposibilidad y en lugar de construir un documental que denuncie la explotación utilizando recursos similares a los de los noticieros televisivos, construye un film que mediante la pura observación devela qué se esconde detrás de este tipo de relaciones laborales.
Aunque me cueste la vida, un film anclado en imágenes del pasado que se actualizan en un presente injusto, con miras a un futuro distinto.

 

Fabio Nicolás Fidanza


Ficha técnica:
Dirección, guión y fotografía: Matías Herrera Córdoba. Montaje: Miguel Colombo. Música: Grupo Acullico. Producción: El Calefón Cine, Habitación 1520 Producciones. Duración: 75 minutos. Origen: Argentina. Año: 2009.


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