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Número 4 - Año 2011 - ISSN 1852 - 4699
 

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Orquesta Roja
(Nicolás Herzog, 2009)


Orquesta Roja relata un hecho peculiar sucedido el cinco de abril del año 2000, en la ciudad de Concordia. Tras una década de gobierno menemista, y en el contexto de la crisis económica y de confianza en la que el país estaba sumido, la ciudad entrerriana había sido apodada “capital de la pobreza y la desocupación” por sus propios habitantes. El otrora floreciente centro industrial había devenido lugar de desempleados, quienes debían soportar los embates de un gobierno que no se hacía presente. Esa masa de desocupados comenzaba a movilizarse en el marco de una gran conflictividad social. Tres individuos se destacaban a menudo en las transmisiones televisivas de las protestas, José María “Chelo” Lima, Carlos Sánchez y Patricia Rivero. Su fama nacional llegó el cinco de abril, cuando simularon frente a las cámaras del canal Crónica TV ser un grupo de guerrilleros encapuchados que se quería alzar en armas (el grupo comando Sabino Navarro)1. El episodio evolucionó rápidamente hacia un desenlace poco feliz para sus protagonistas. Tras una fugaz conmoción nacional, fueron descubiertos y posteriormente detenidos. El hecho trascendió entonces como un bochorno tanto para los concordienses involucrados como para los medios que participaron de la transmisión (Crónica TV y Radio 10).

Ahora bien, bajo un sondeo general, el hecho se recuerda como una suerte de parodia ridícula, como una vergüenza entrerriana, para algunos. Sin embargo, una mirada entre líneas puede descubrir otras perspectivas. Al menos ese parecería ser el criterio del cineasta Herzog.

El film se mueve en direcciones múltiples. Es, en primer lugar, un documental que relata los hechos desde la mirada de Lima, Sánchez y Rivero. La historia del grupo comando Sabino Navarro es narrada a través de material de archivo, en el cual aparecen los protagonistas, allí por el año 2000. Además, los testimonios de estas tres personas los revelan ocho años después de aquella circunstancia que les valió una estadía en prisión. El tiempo evidentemente ha transcurrido, no sólo en la evolución de sus ideas y sentimientos, sino en sus rostros y en sus cuerpos. A estas voces se suman las de los vecinos de la ciudad (una familia de pescadores, un mecánico de autos, unos albañiles, y una familia de verduleros), las opiniones de algunos periodistas ajenos al hecho, y el testimonio de Federico Storani, Ministro del Interior durante aquéllos años. De esta manera, el film expone cómo los sectores populares de Concordia, quienes probablemente apoyaron en el 2000 al movimiento liderado por Lima, hoy recuerdan el hecho con tono burlón. La película apela a provocar así la reflexión sobre el poder de la manipulación mediática.

Sin embargo, Orquesta Roja navega también por otras aguas. Sin quedarse en lo que se podría llamar un “documental ficcionalizado” a secas, Nicolás Herzog procura estilizar la puesta en escena. Todas las imágenes que están destinadas a la reconstrucción de la orquestada noticia siguen un hilo de película de suspenso. Éste es reforzado por la música original, compuesta por Alejandro Serrano, que bien podría pertenecer a un film de Orson Welles. Estructurando la reconstrucción de aquél cinco de abril, un interesante recurso muestra el accionar de los personajes y al camarógrafo siguiéndolos de cerca, mediante sus sombras proyectadas sobre la pared de una casa abandonada (la cual sirvió de escenario para montar la noticia). Aquí el film se acerca sorprendentemente a las sombras proyectadas sobre la pared de la casa del lejanísimo Vampyr de Carl Th. Dreyer (1932). Para rematar la ficción, al final del film y al ritmo de un tema de Spinetta (ídolo musical de Chelo), los créditos presentan a Lima, Sánchez y Rivero como tres protagonistas estrella, cuyos nombres conforman el elenco protagónico.

Sin embargo, Herzog no busca tan sólo indagar en los hechos que sucedieron detrás de ese falso grupo guerrillero, sino también en los mecanismos de los medios, en el proceso que tiene como resultado la emisión de una noticia, en los límites entre ficción y realidad, entre espontaneidad y puesta en escena. Por eso el film es también desnudado desde dentro y por momentos es un making off de sí mismo. A este respecto, en los primeros minutos Chelo aparece en un noticiero local contando acerca del rodaje de la película, que se está llevando a cabo en ese preciso instante. Este mecanismo de revelación se reiterará apoyado por la inclusión del director en el plano.

Fiel a su lógica interna, la película posee una escena que se destaca del resto por su fuerte impronta ficcional; y esto en dos sentidos. Nos referimos a aquella en donde se reconstruye la reunión secreta que se llevó a cabo entre los líderes del movimiento, Lima y Sánchez, y ciertos representantes del canal Crónica TV. Decimos de impronta ficcional, porque aquí la narración da un vuelco definitivo para teñir el film casi completamente de suspense, de noir. Los elementos de la puesta en escena hablan por sí solos: paleta de colores azulados y grises, banda sonora instrumental de suspenso, planos contrapicados, una taciturna ciudad en la soledad de la noche, planos cerrados del rostro del testigo, que además narra en off los extraños sucesos de aquella noche. Los actores principales de esta escena son Chelo Lima y Carlos Sánchez, quienes una vez más, como lo hicieran ocho años atrás, caminan por las calles hacia un hotel del centro de Concordia.

Si el objetivo de Herzog era indagar qué había sucedido realmente ese cinco de abril, primero buscó a sus protagonistas. Lo primero era ver cómo habían seguido sus vidas; cómo revisaban el pasado, qué pensaba el pueblo de Concordia, y para explicar lo sucedido no ya desde la versión de los medios sino desde los protagonistas. En segundo lugar, revelar el carácter construido de las noticias y desmitificar la espontaneidad total que muchas veces se pregona. Todo esto a través de los testimonios -en tanto documentos orales-, a través de procedimientos simbólicos, como la reconstrucción en clave de film noir, y ofreciendo el propio cuerpo de la película para reflexionar sobre la realidad y sobre cómo ella es modificada por el dispositivo mediático y, en este caso, cinematográfico. Así, los elementos se cruzan. Los verdaderos testigos ofician de actores, los realizadores aparecen en el plano como parte de lo narrado, los protagonistas observan el material de archivo frente a la cámara y dialogan para el espectador, que se pregunta el grado de espontaneidad de esa situación.

Orquesta Roja apunta dos miradas fundamentales frente al suceso del comando Sabino Navarro. En primer lugar el carácter embrionario de aquellas organizaciones políticas que comenzaron a asomar hacia el inicio de la década pasada; su insuficiencia programática y su ingenuidad. Por otro lado, la importancia acumulativa de las noticias, su inevitable valor de mercancía. La falta de recursos de estos manifestantes y la voracidad mercantil de un canal de noticias masivo, trajo como resultado un bochorno mediático y el fin de sus carreras políticas.

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1 Nombre elegido en honor al líder Montonero fallecido en 1971.


Gloria Ana Diez


Ficha técnica:
Dirección, guión y producción: Nicolás Herzog. Productor asociado: Gastón Delecluze y Sergio Cabrera. Asistente de Dirección: Luisina Herzog. Fotografía y Cámara: Leonel Pazos Scioli y Gastón Delecluze. Montaje: Nicolás Herzog, Miguel Colombo y Alberto Ponce. Origen: Argentina. Año: 2009.

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