20,000 Days On Earth (Ian Forsyth y Jane Pollard, 2014)

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20 000 days on earth

 

Nick Cave, cantautor y escritor australiano nacido en 1957, es uno de los personajes más enigmáticos y pintorescos del mundo musical de habla inglesa. Su universo se construye en base a violentas yuxtaposiciones: la más honda dulzura y la más cruda violencia, los más sutiles y variados intertextos con las más vulgares insinuaciones. Un universo que se hace canción a través de su lírica barroca y la densa, expresiva, instrumentación que consigue en sus diferentes bandas, siendo The Bad Seeds la más reconocida. Actualmente muy vinculado al mundo del cine de ficción por su trabajo como compositor de música incidental (junto a su compañero Warren Ellis), guionista (es el autor de The Proposition y Lawless, ambas de John Hillcoat) y ocasional actor, es el personaje perfecto para dedicarle un documental. 20,000 Days On Earth es el primer largometraje que lo tiene como protagonista. Y no hace falta buscarle un personaje, porque Cave es uno en sí mismo.

Esto es lo que Ian Forsyth y Jane Pollard buscan y (sin dudas) consiguen a lo largo de una hora y media: el retrato de un artista efervescente, de un hombre inquieto y apasionado que a poco de cumplir seis décadas de vida se halla en plenitud creativa. El relato de una búsqueda constante por llegar hasta el cielo y apartarlo, empujarlo para ver qué hay detrás: “Push The Sky Away”[1], tal el nombre de su último disco de estudio, el decimoquinto registrado junto a The Bad Seeds. Disco cuya grabación, ensayos e interpretación en vivo registra el rockumental de manera íntima, cálida, sumamente detallista a lo largo de un día imposible, el número 20.000 del músico sobre nuestro planeta. Durante una hora y media nos reímos con el extraño humor delirante de Cave, buscamos ese acorde que falta en una canción a medio terminar e intentamos dar nuestra mejor interpretación a una de esas canciones oscuras y melancólicas, que pierden sentido cuanto más pensamos en ellas y lo recobran cuando pensamos un poco más. Durante una hora y media nos sentimos un poco músicos y creemos estar cómodos en ese mundo, pero Cave se encarga de recordarnos que, por más que intentemos acercarnos, él sigue siendo un enigma. Para un hombre que ha elegido la creación como su modo de vida, siempre habrá una cara que no conoceremos, una anécdota que no sepamos, un secreto por descubrir. Razón de más para que 20,000 Days On Earth nos siga cautivando con esas piezas sueltas, esos fragmentos que nos animan a reconstruir un rompecabezas siempre incompleto.  

De eso está construido este relato, de fragmentos. La película inicia con una seguidilla de imágenes televisivas entre las cuales podemos distinguir a Elvis y a Marilyn Monroe, entre otros, hasta que de manera intermitente comienza a aparecer la imagen de un joven desgarbado, un muchacho extraño de pelo largo que se mueve con soltura envidiable sobre el escenario y se hace hombre ante nuestros ojos. Es en ese momento en el que Forsyth y Pollard nos toman de la mano y nos dejan en el cuarto de Cave, justo para verlo despertarse al lado de su esposa y musa, Susie Bick. De ahí, los cineastas nos guían a través los recovecos del mundo de Cave en un juego intrigante que manipula los límites entre realidad y ficción, entre pasado y presente, y lo mezcla todo como si de una de las canciones de Cave se tratara. Brighton, localidad costera del sur de Inglaterra, es el escenario del presente: una ciudad fría y neblinosa, de rutas agrestes que el músico recorre en auto. Como si de fantasmas dickensianos se tratara, tres personajes lo acompañan brevemente en distintos momentos de la película: el guitarrista Blixa Bargeld (ex miembro de The Bad Seeds), la cantante pop Kylie Minogue y el actor Ray Winstone. Los tres representan distintas facetas de la vida del músico, un pasado siempre presente del cual el músico no reniega y con gusto revive si se lo piden. De esta manera, podemos escuchar de su boca anécdotas sorprendentes de su niñez y su juventud, asistiendo a sus sesiones de psicoanálisis o mientras vemos viejas fotos en un proyector. Anécdotas que logran, como su cariñosa evocación de su juventud en Berlín, encontrar la belleza en el humilde departamento de un vecino solitario, decorado con luces de Navidad y revistas pornográficas.

Una hora y media parece poco para poder abarcar los secretos de un artista tan apasionante, creativo e impredecible. Y lo es. Pero es parte del misterio, de ese personaje enigmático que Nick Cave construye y  que halla su máxima expresión en las interpretaciones en vivo que la cámara de Forsyth y Pollard nos regala. Todo lo que tenemos que saber sobre Cave, está sobre el escenario: cinco minutos de canción en los que se condensa la mirada de un hombre, cinco minutos en los cuales se deja llevar y trepa alto, hasta empujar el cielo.

 

Andrés Brandariz

 

Ficha técnica:

Dirección: Ian Forsyth y Jane Pollard. Producción: Thomas Benski, Jason Bick, Dan Bowen, Marisa Clifford. Dirección de fotografía: Erik Wilson. Edición: Jonathan Amos. Sonido: Joalim Sundström. Origen: Reino Unido. Duración: 97´. Año: 2014.




[1] “Trascender el cielo”, como fue traducido para su proyección en el marco de este 16° BAFICI.